cronologia02 cronologia01 cronologia03 cronologia04 cronologia05 quienes_somos

San Carlos de Bariloche reconoce como fecha de nacimiento el 3 de mayo de 1902. Junto a la población autóctona, la ciudad fue construida por inmigrantes de diversos orígenes que se establecieron con sus familias en busca de nuevos horizontes. 
Con el correr del tiempo, adoptó la fisonomía de una pequeña villa de montaña y no faltaron las casas similares a las que jalonan la región alpina. De allí provenían varios de sus pobladores. Se formó con un crisol de inmigrantes: suizos, alemanes, españoles, chilenos. La colectividad italiana fue y es muy numerosa. Los primeros en llegar se habían radicado a principios de 1900 a orillas del gran lago Nahuel Huapi.

Los italianos que llegaron antes y después de la Primera Guerra Mundial buscaban la esperanza, el trabajo y la paz. El italiano es hombre que trabaja, que produce, que siembra y recoge. La mayoría era de Belluno. Mucho tuvo que ver en la importancia de la inmigración bellunesa Primo Capraro, empresario de trascendencia para Bariloche en las primeras décadas del siglo XX.

En aquellos tiempos se construyeron casas, almacenes, hoteles, escuelas y se dieron los primeros pasos hacia el turismo. Bariloche se convertiría con el correr del tiempo y del esfuerzo compartido en la puerta de entrada a la Patagonia, transformándose en un pueblo de trabajo y de prosperidad.

Cabe recordar a algunas de las muchas familias italianas que habitaron y habitan en esta ciudad: Baratta, Capraro, De Pellegrin, Caldart, Longaretti, Penna, Speranza, Gelain, Zilli, Toson, Festa, Razza, De Barba, Del Col, Pison, Collarin, Carniel, Levis, Candeago, Fant, Nogaré, Fanti, Losa, Trinca, Dal Farra.

En aquellos años era muy importante la sociabilidad, el hecho de reunirse con los compatriotas, que eran mucho. Así se fundó la “Società Italiana di Mutuo Soccorso Italia Nuova”, el 3 de julio de 1921; hoy conocida como Asociación Italiana de S.M. “Nueva Italia”.

Nació bajo el espíritu del cooperativismo, de la ayuda mutua, del placer de reunirse, de jugar a las bochas, a las cartas, al billar, de cantar las viejas canciones. La nostalgia era muy fuerte y así se compartían momentos de alegría y de tristezas.


Todo era posible, especialmente cuando alguna enfermedad exigía el traslado de un socio a otros centros hospitalarios. Entonces, el conjunto de los asociados se solidarizaba y facilitaba el acceso a la asistencia médica.

Como la colectividad italiana precisaba un lugar de reunión, con el esfuerzo y el aporte desinteresado de los socios se pudo comprar en 1927 un terreno en la calle Beschtedt 141. En 1929 se inició la construcción de un edificio de madera para el funcionamiento de la sede social.

Tiempo después, el 10 de octubre de 1933, quedó constituida una entidad de carácter mutual “que se regirá por el Estatuto, por las normas que dicte la autoridad de aplicación y por las disposiciones legales que sean aplicables en razón de la materia”.

La inmigración se interrumpió como consecuencia de la Segunda Guerra y los italianos que vivían en la zona debieron contentarse con las noticias que les acercaban los parientes y amigos que permanecían en Italia.

Cuando finalizó la contienda, un nuevo flujo migratorio llegó a Bariloche. A los recién llegados se los bautizó los “nuovi italiani”. No fue fácil que se entendieran con los “viejos” pero en definitiva, como ellos, habían sufrido una guerra. Estaban unidos por las mismas ganas de hacer, de construir, de buscar la paz y la esperanza.

De la década del ‘50 muchos nombres se recuerdan: Mottes, De Cian, De Min, Dalla Gasperina, Tomba, Roncati, Colussi, Giacori, Dalla Cia, Bértolo, Malagola, Fenoglio, Sbaffoni, Marin, Cattelani, Gressani, Visconti, Bottazzi, Tramontin, Falaschi, Pisani, Pasqui, Di Biase.

Con los nuevos aportes, la Asociación tuvo oportunidad de crecer. Era continua la discusión entre los “viejos” y “nuevos” socios, en torno a posibilidad de renovar y construir una nueva sede. Finalmente en 1954, comenzaron los trabajos a partir de un ambicioso proyecto arquitectónico. La vieja casa de madera fue demolida para darle paso al futuro.

El 16 de junio de 1968, por iniciativa de las Damas de la Asociación —esposas de los socios— se constituyó la primera Comisión de Cultura. Gracias a su impulso, se creó una academia cultural que se llamó Centro Italiano de Cultura (CIC). Se la pensó para beneficio de socios y no socios, con la realización de cursos de Italiano, Música, Danzas, Educación Física, Dibujo y Contabilidad. Por entonces, se sugería además invitar a personas competentes para dictar conferencias, participar de debates e ilustrar a los niños con cine y diapositivas culturales. Las fundadoras entendieron a la naciente academia como base fundamental para una futura escuela.

La fundación de la escuela no fue tarea fácil, pero el sueño de muchos socios que hoy ya no están entre nosotros se hizo realidad. Gastone Giacori, en ese entonces miembro de la Comisión Directiva, expresaba: “Los recién llegados (1948-1953) quisimos mantener el idioma y la cultura italiana para que fructificaran en la semilla del saber. Soñábamos con construir una escuela para nuestros hijos y para toda la comunidad” (del libro “Encuentro en Bariloche”, obra de Bruna Giacori).

Fue necesario avanzar poco a poco pero con firmeza. En 1980 se concretó la apertura de un Jardín de Infantes y Preescolar, con enseñanza del idioma italiano. Al año siguiente se dio inicio al primer grado. Así se inició el Instituto Dante Alighieri, que fue reconocido por el Estado. Sus fines y objetivos serían “facilitar la difusión y el conocimiento de los idiomas castellano e italiano y la cultura de ambos países, pudiendo mantener para tal fin establecimientos de enseñanza pre-primaria, primaria, secundaria y terciaria, encuadrándose en las disposiciones que al respecto emanen de la autoridad competente”. 

Desde entonces, se habilitó año tras año un aula nueva hasta completar, por fin, el ciclo primario. Pero en el hacer cotidiano nada termina, por el contrario. Con serena y reflexiva madurez, la Comisión Directiva que conducía en ese entonces la Asociación  Italiana decidió que se iniciara una nueva etapa: el Nivel Secundario, con el título de  Bachiller en Informática.

En el Instituto Dante Alighieri, que en 2010 cumplió 30 años de vida, hoy funcionan los tres niveles de enseñanza: Inicial, Primario y Medio. Es el orgullo de los socios que lo hicieron posible, de los que continúan la obra, de la colectividad italiana y de la comunidad toda, en especial de los padres que depositan su confianza y de los 660 alumnos que todos los días dicen PRESENTE.