Nuevo comienzo en la tierra desconocida

“Encuentro en Bariloche”, el libro de Bruna Giacori, describe la vida de los inmigrantes hacia fines de la década del 40 y los años 50. La mayoría llegaban de la guerra, que literalmente arrasó gran parte de los paises de Europa. Argentina, por aquellos años, era un país rico y pujante, para muchos la verdadera “tierra prometida”.

La idea de escribir el primer libro histórico sobre los italianos de Bariloche nació a fines del 2002, cuando la autora se reencontró con Giulliano Dal Mas. Hacía 50 años que no se veían. Sus padres trabajaron juntos en la construcción del primer aeropuerto de Bariloche. Giulliano viajó con un grupo de residentes de Belluno, que fueron recibidos por la colectividad italiana local, y trajo varias fotografías, tomadas por su padre durante su estadía en esta ciudad.

Les surgió la necesidad de narrar los recuerdos sobre las vidas de sus padres, escribir sobre la esperanza que había movilizado a los inmigrantes no siempre reconocidos y sobre los esfuerzos realizados en el trabajo cotidiano, para ellos y el país que los había cobijado.

La base de la obra de Bruna son los 7 cuadernos manuscritos que dejara su padre, con sus memorias hasta noviembre de 1976. Gastone Giacori llegó a Buenos Aires el 22 de julio de 1948. En Italia habían quedado su esposa y su pequeña hija. “Eramos desconocidos en una tierra desconocida. Pero sabíamos que había trabajo, no importaba lo que uno supiera hacer, eran suficientes las ganas, la voluntad. Algunos tenían más suerte que otros, pero todos los inmigrantes eran iguales: querían trabajar, el trabajo los hacía sentirse útiles, los gratificaba, porque así podrían progresar por el esfuerzo propio”, escribió Gastone.

En Buenos Aires lo esperaba su cuñado Mario, quien había arribado hacía un año. “La ciudad me impresionó. Eran tan vibrante, tan inmensa, tan populosa… Ya tenía trenes subterráneos, algo con lo que contaban muy pocas ciudades en el mundo. En Italia, aun no existían, porque el dinero se había gastado, desperdiciado y perdido en una guerra. ¡Otra vez la guerra que todo destruye!”, escribió.

Mario le explicó a Gastone cómo era la gente, la Argentina y la forma de vivir. Se lo consideraba un país rico en el verdadero sentido de la palabra, porque el campo todo lo daba, todo lo podía: carnes, trigo, cereales; la tierra argentina lo producía. Comerciaba con todo el mundo y, aunque industrialmente no estaba avanzada, surgiría del empuje de los trabajadores, de esa fuerza, la del trabajo que nos proyecta hacia un futuro promisorio. Era “il paese del lavoro” (el país del trabajo), de la esperanza para todo ser humano que buscara la paz y la seguridad para vivir con su familia.

Gastone era experto en maquinarias diesel y pronto encontró trabajo en la Compañía General de Pavimentación S.A., donde empezó a los 8 días de haber llegado al país. En sus apuntes, Gastone hacía frecuentes referencias a la grandeza de Argentina. “Cuando comíamos en un restaurante, gastábamos 3.50 pesos. ¡Cómo comíamos!. Primero y segundo plato, queso, fruta, café, postre y también una grapita. No nos privábamos de nada. Nos lo merecíamos, trabajábamos muy duro. Habíamos pasado mucha hambre en Italia durante la guerra. ¡Cuantas privaciones!”, narró.

Argentina, el país del trabajo, era maravilloso. Tenía grandes diferencias con esa Italia destruida, devastada, donde la esperanza estaba enterrada con cada uno de los soldados, habitantes y ciudadanos muertos por la guerra. No sólo había destrucción en lo material sino también en los sentimientos de arraigo y en la esperanza de crecer. Por eso, los jóvenes, en lugar de quedarse para construirse un futuro en Italia, emigraban. Familias enteras lo hicieron.
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(Fuente: Diario Río Negro)